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Apocalipsis 1:17, 19
"Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades. Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas."


Estas palabras fueron escritas por el apóstol Juan, mientras se encontraba exilado en la isla de Patmos. Ante él apareció nuestro Señor Jesucristo quien le ordenó que escribiera todo lo relativo a esa revelación. Entonces Juan escribió el libro de Apocalipsis. La palabra griega “apokalypsis” significa “revelación”, “quitar el velo”. Eso es precisamente lo que este libro hace en relación al unigénito Hijo de Dios, el cual es exaltado como el centro de Apocalipsis porque Dios desea que veamos a su Hijo como realmente es: nuestro Salvador, quien es digno de nuestra adoración, alabanza, honor y gloria.

Muchos cristianos pasan por alto el libro de Apocalipsis porque piensan que no pueden entenderlo. Lo consideran demasiado misterioso y complicado, y cuando tratan de leerlo se sienten abrumados con las expresiones simbólicas de su contenido, al extremo que pierden el punto clave del libro: Nuestro Señor Jesucristo. Cuando estudiamos cuidadosamente este libro, vemos que Jesús es:
• El Señor de su Iglesia (Apocalipsis 1:12-19).
• El Cordero que fue sacrificado por nuestra redención (Apocalipsis 5:1-13).
• El Juez de toda la humanidad (Apocalipsis 14:6, 7).
• El Rey de reyes (Apocalipsis 19:11-16).

La Biblia nos dice que Jesucristo volverá a este mundo en algún momento. Cuando él ascendió al cielo poco tiempo después de haber resucitado, sus discípulos se quedaron mirando hacia arriba "entre tanto que él se iba." (Hechos 1:10). Y de repente dos ángeles les aparecieron y les dijeron: "Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo." Y cuando Jesús regrese a la tierra en toda su gloria, cada rodilla se doblará y cada lengua confesará que él es el Señor, como declara Romanos 14:11: "Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios." Nadie será capaz de negar su majestad y su autoridad. Y a todos los que han creído en él y esperan su regreso los llevará para estar con él por toda la eternidad.

Y si nuestra vida en este mundo termina antes de que él vuelva, todos los que le hemos aceptado como salvador sabemos que él ha preparado lugar para nosotros en el cielo. Esto prometió Jesús a sus discípulos en Juan 14:2-3: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” De una manera u otra, tenemos la plena seguridad de que pasaremos la eternidad junto a nuestro Señor.

¿Estás listo para la segunda venida de Jesús? ¿Esperas con ansiedad el momento en el que él regrese a llevar a casa a sus amados? Si no estás seguro de cual es tu condición espiritual, examina tu corazón. Cada uno de nosotros tiene la oportunidad de recibir a Jesucristo en su vida y de conocerle como Señor y Salvador. Si aún no lo has recibido en tu corazón puedes hacerlo con una oración muy simple ahora mismo. La Biblia dice "que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación." (Romanos 10:9-10).

Es decir, sólo tienes que creer de corazón lo que dice la Biblia acerca de Jesucristo, y con tus propias palabras elevar una oración al cielo reconociendo tu condición de pecador y la necesidad de un Salvador que es Cristo Jesús. Pídele que venga a morar a tu corazón por siempre. Al hacerlo, su sangre derramada en la cruz te limpia de todo pecado y recibes el regalo de la vida eterna.

ORACION:
Amante Dios, te doy gracias una vez más por tu Hijo Jesucristo, por su nacimiento, su muerte y su resurrección, porque por él me has dado entrada al Reino de los cielos, y en él baso mi esperanza de que estaré junto a ti por toda la eternidad. Te alabo y exalto tu nombre. Por Cristo Jesús, mi Rey y mi Señor, Amén.