Febrero 2018
DLMMJVS
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728 

 
¿Dónde satisfaces tus necesidades? Enviar esta meditación

Salmo 42:1-2
"Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?"


Además de las necesidades básicas en el aspecto físico que tienen como fin la supervivencia, todo ser humano tiene también necesidades emocionales y espirituales, así como otras necesidades que surgen en la vida, como la urgencia de resolver una situación o una prueba en la que se encuentre. Cuando David escribió el pasaje de hoy se encontraba huyendo en el exilio durante la rebelión de su hijo Absalón. Allí él clama a Dios desesperadamente: "Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía." Su urgente necesidad de ayuda, su infinita tristeza, su anhelo interior de comunión con Dios pueden compararse a la sed intensa que siente el ciervo que camina en tierra seca, jadeando y buscando con ansias las corrientes de las aguas que tanto necesita.

Una pequeña historia cuenta que en una ocasión un barco de recreo en el que viajaba un grupo de personas en el Océano Atlántico, cerca de las costas de Brasil, tuvo problemas con el motor y quedaron a la deriva. Por varios días estuvieron a merced de las olas y el viento sin tener la más mínima idea de donde se encontraban. Ya no tenían que comer ni beber; ni siquiera agua les quedaba. Algunos habían desfallecido por la deshidratación, y casi todos estaban a punto de morir de sed. De pronto divisan a lo lejos un barco que venía en dirección a ellos. Desesperadamente comenzaron a hacer señales de todas las formas que se les ocurrieron. Cuando el otro barco estuvo lo suficientemente cerca de ellos, todos gritaron pidiendo por favor un poco de agua. Del otro barco les gritaron, señalando hacia el agua: "Ahí tienen bastante agua. ¿Por qué no la beben?" Todos creyeron que se trataba de una broma de mal gusto y siguieron rogando por un poco de agua. Los otros insistieron en que tomaran de esa agua, y finalmente supieron que aquella agua era agua potable y dulce, y no agua salada del mar, pues el viento los había llevado hasta la desembocadura del río Amazonas, el cual es tan ancho, que ellos creían que aún estaban en el mar. Por poco mueren de sed, teniendo frente a ellos abundante agua para beber.

En nuestros trabajos, en nuestros vecindarios, en nuestras propias familias, hay infinidad de personas que se están muriendo de sed espiritual y necesitan de alguien que les diga que tienen a su alcance el agua que quita la sed para siempre. El mundo está lleno de personas que invierten años buscando a alguien o algo que satisfaga sus necesidades. Lamentablemente no se dan cuenta de que la única fuente de perfecta satisfacción se encuentra en Dios. En él está la aceptación, la seguridad, el amor, el gozo y la paz que tanto buscan. Así le dijo Jesús a la mujer samaritana junto al pozo de Jacob: "Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna." (Juan 4:13-14).

¿Estás tú en estos momentos en medio de una gran necesidad, ya sea económica, o emocional, o espiritual? ¿Te sientes triste, o tu salud no está bien, o tienes algún otro tipo de problema? Reflexiona en esta enseñanza y aplícala a tu vida. Acércate a Dios, quien es el único que puede satisfacer tu necesidad. Los que hemos aceptado a Jesucristo como Salvador debemos recordar que dentro de nosotros corre esa fuente de agua viva a la que se refirió Jesús. Mostremos al Señor la misma urgencia por tomar de esa agua clamando a él como hizo David en el pasaje de hoy. Hagamos nuestras las palabras de la mujer samaritana al responder al ofrecimiento de Jesús: "Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed…" (Juan 4:15).

Nuestra prioridad debe ser ir constantemente a esa fuente eterna y saciar nuestra sed espiritual, por medio de la lectura diaria de la palabra de Dios y la oración, de manera que esta agua divina se mantenga fluyendo y nos inspire a compartirla con los sedientos de este mundo.

ORACION:
Padre santo, hoy vengo ante ti clamando, como el salmista, por esa agua viva que quita la sed y da descanso al alma. Te ruego quites de mí todo obstáculo que impida que esa agua fluya libremente no solamente para mi propia bendición sino para bendición de todos los que me rodean. En el nombre de Jesús, Amén.