Mayo 2019
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¿Es Cristo realmente tu Señor? Enviar esta meditación

Hechos 9:1- 9
“Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.”


"Conversión" es el cambio que se efectúa en la persona que ha aceptado a Jesucristo como salvador. Normalmente una conversión debe llevar a una rendición o entrega al Señor, pero primero tiene que haber cambios internos en la persona (este es un proceso más o menos largo) y finalmente resulta la entrega total, la cual es una decisión personal. La conversión de que nos habla el pasaje de hoy fue algo muy especial pues instantáneamente se manifestó una entrega total en la vida de Saulo de Tarso. Hubo dos factores que influyeron en esta decisión: Primero el impacto del encuentro personal con Jesús y además el efecto en la mente de Saulo de una experiencia reciente.

En Hechos 7:54-60 leemos que Esteban, uno de los diáconos elegidos por los apóstoles, les estaba diciendo unas cuantas verdades a un grupo de judíos, los cuales se enfurecieron y arremetieron contra él y le apedrearon. Esteban era “varón lleno de fe y del Espíritu Santo”, afirma Hechos 6:5. Y allí, en medio del dolor de las pedradas, puesto de rodillas, clamó a gran voz: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.” (Hechos 7:60). La presencia y el poder del Espíritu Santo se manifestaron en aquel lugar de manera muy clara. Y Saulo de Tarso fue testigo presencial de todo lo sucedido, pues dice la Biblia que “Saulo consentía en su muerte.” (Hechos 8:1). Con toda seguridad la escena de la muerte de Esteban permanecía en la memoria de Saulo y muchas preguntas vendrían a su mente. ¿Cómo entender aquella paz inefable reflejada en el rostro de aquel hombre mientras sufría el terrible dolor de las pedradas? ¿Cómo era posible que pidiera perdón para los que le estaban matando? Y una expresión dicha por aquel joven persistía en su mente: “Señor Jesús, recibe mi espíritu.” (Hechos 7:59).

Ahora, cuando Saulo cayó a tierra cegado por "el resplandor de luz del cielo", oyó la voz de Jesús que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Y Saulo le dijo: “¿Quién eres, Señor?” Esta es la primera señal de que la batalla estaba llegando a su final. “Yo soy Jesús, a quien tú persigues.” Finalmente Saulo, “temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga?” Y en ese momento finalizó la batalla y Saulo se rindió a Cristo. “Levántate, y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer”, le dijo Jesús. Hasta aquel momento Saulo había estado haciendo lo que él quería. Desde ese momento en adelante se le diría lo que tenía que hacer. Esto es prueba de una entrega total: Dejar de hacer lo que deseamos hacer y comenzar a hacer lo que el Señor quiere que hagamos.

Sabemos que aquella fue una entrega genuina porque conocemos el resto de la vida de aquel que después se convirtió en el apóstol Pablo y la manera en que sirvió a su Señor hasta que murió. Pero, ¿cómo puede una persona entregarse de tal manera a Cristo que pueda llamarle genuinamente Señor? La Biblia dice que “nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.” (1 Corintios 12:3). Es decir, es el Espíritu Santo quien obra en nosotros redarguyéndonos, exhortándonos, convenciéndonos de pecado y llamándonos a una entrega total al Señor. Pero la decisión final corresponde a cada uno de nosotros. Piensa un momento: ¿Es Cristo realmente tu Señor?

ORACION:
Padre santo, es mi anhelo rendirme a tu autoridad y dirección. Por favor, ayúdame a ceder mi voluntad a tu voluntad para que tu nombre sea glorificado. En el nombre de Jesús, Amén.