Febrero 2017
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¿Te resulta difícil perdonar? Enviar esta meditación

Mateo 6:9-13
“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.”


Justo antes de este pasaje Jesús estaba orando en un lugar, y cuando terminó uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.” (Lucas 11:1). Entonces Jesús respondió con esta oración, la cual muchos conocen como “la oración modelo”. Aquí el Señor se refirió a varios aspectos a tener en cuenta cuando oramos. Nos habla de alabar y santificar el nombre de nuestro Padre que está en los cielos, de someternos a su voluntad, de pedir la manifestación de su reino, de pedirle nuestro diario sustento, pedirle que perdone nuestros pecados y que nos libre de todo mal.

Es interesante notar que de todas las peticiones, la única que está sujeta a ciertas condiciones es la relativa al perdón. Dice así: “Perdónanos nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.” Es decir, nosotros debemos perdonar a aquellos que nos han ofendido si queremos que nuestro Padre celestial perdone nuestras ofensas. Después de terminar la oración, Jesús reafirma este principio diciendo: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.” (Mateo 6:14-15).

Está bien claro en la Palabra que los cristianos debemos perdonar, pues es la voluntad de Dios. Pero una cosa es saberlo y otra es llevarlo a la práctica. Cuando hemos sido heridos o cuando alguien a quien amamos ha sido maltratado, ¿cómo podemos perdonar? Por regla general todos entablamos una lucha interna a la hora de perdonar. Y a veces, aún cuando pensamos que hemos perdonado, sentimos el sentimiento de rencor resurgir en algún momento. El perdonar no es un simple acto sino un proceso continuo. Necesitamos perdonar la misma ofensa una y otra vez hasta que la amargura y el resentimiento desaparezcan totalmente de nuestro corazón. Nuestra meta debe ser perdonar profunda y completamente, como lo hizo el Señor con nosotros. Así nos dice el apóstol Pablo en Colosenses 3:13: “De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” Si tú eres capaz de poner a un lado tu ira y tu disgusto en un acto decisivo de perdón regocíjate porque tú has sido bendecido.

Debemos tomar la decisión de seguir practicando el perdón hasta que logremos alcanzar esa meta. Pero tenemos que estar conscientes de que no podremos lograrlo sin el poder del Espíritu Santo manifestándose plenamente en nuestras vidas. Cuando Esteban estaba siendo apedreado por un grupo de enfurecidos judíos, justo antes de morir, “puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado.” (Hechos 7:60). Esto fue posible porque Esteban estaba “lleno del Espíritu Santo”, dice la Biblia en Hechos 7:55. Esta es la única manera de lograr que los resentimientos y las raíces de amargura dejen de existir en nuestros corazones, podamos perdonar a los que nos han herido y seamos totalmente libres.

Busca el rostro del Señor en oración cada día y pídele que limpie tu corazón de todo rencor y lo llene de su amor perdonador. Si de verdad lo deseas, el Espíritu Santo te ayudará a perdonar y te sentirás libre de una gran carga.

ORACION:
Bendito Dios, te ruego que tu Santo Espíritu arranque las raíces de amargura y el resentimiento de mi corazón y las reemplace con tu amor y tu misericordia de manera que yo pueda perdonar completamente a los que me han herido. En el nombre de Jesús, Amén.