Julio 2018
DLMMJVS
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031 

 
¿Crees que tus pecados son imperdonables? Enviar esta meditación

1 Corintios 6:9-11
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.”


Si tú has aceptado a Jesucristo como tu Salvador personal y te sientes culpable por los pecados cometidos en el pasado, la palabra de Dios tiene un consolador mensaje para ti. Los creyentes de la iglesia de Corinto también estaban luchando con un sentimiento de culpa por la vida pecaminosa que habían llevado antes de conocer al Señor. El apóstol Pablo los consuela y les da esperanza. En el pasaje de hoy les dice: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.”

En los versículos que preceden a estas palabras de aliento, Pablo menciona una lista de pecados y de estilos de vida que abundaban en aquella sociedad corrupta de la cual habían salido los miembros de esta iglesia, muchos de los cuales aún tenían dudas acerca del perdón de sus pecados. Aún en la actualidad, muchos pastores cuentan de gran cantidad de personas que les preguntan si Dios los puede perdonar por haber cometido adulterio, o por un estilo de vida homosexual o por otros pecados similares. La respuesta es en todos los casos. Dios puede y desea perdonar todos los pecados. Con ese fin dio a su Hijo Jesucristo, para “que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16).

Jesús llevó nuestros pecados a la cruz y se ofreció como sacrificio expiatorio, ocupando allí nuestro lugar. Cuando entendemos profundamente la razón de ese sacrificio y creemos de corazón que Jesús murió y que después resucitó venciendo a la muerte, y nos arrepentimos de haberlos cometido, absolutamente todos nuestros pecados son perdonados y somos justificados delante de Dios obteniendo la salvación de nuestras almas. Así dice Romanos 10:9: “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” En ese momento nos convertimos en una nueva criatura, pues “las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”, declara la Biblia en 2 Corintios 5:17. Entonces el Espíritu Santo viene a morar en nuestros corazones y comienza el proceso de santificación por medio del cual vamos siendo transformados con el fin de llegar a ser imagen de nuestro Señor Jesucristo.

Durante este proceso, debido a la debilidad de nuestra naturaleza carnal, en ocasiones caeremos en pecado. Pero Dios ha provisto un medio para perdonarnos y lavarnos de nuestra iniquidad. En su primera carta, escrita a aquellos que ya pertenecían al "pueblo de Dios", el apóstol Juan les dice: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:9). Entonces el Espíritu Santo pone en nosotros la seguridad de haber sido perdonados y sentimos la paz de Dios en nuestros corazones.

La Biblia cita muchos ejemplos de hombres y mujeres que cometieron pecados terribles y después se arrepintieron de corazón y Dios los perdonó. Por ejemplo el rey David, quien era “varón conforme al corazón de Dios”, adulteró y planeó deliberadamente el homicidio del marido de la mujer con quien se acostó. Pero más tarde se arrepintió, y con corazón quebrantado confesó su pecado y fue perdonado. Por eso después pudo afirmar con absoluta seguridad: “Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.” (Salmo 103:12).

Si sientes sobre ti el peso de algún pecado cometido, rechaza todo intento de Satanás de hacerte sentir culpable. Todo lo que tienes que hacer es arrepentirte de corazón y confesar tu pecado delante del Señor. Entonces recibe su perdón y comienza a vivir una vida de libertad bajo la dirección del Espíritu Santo.

ORACION:
Bendito Padre celestial, gracias por tu amor y tu misericordia, y por Jesucristo cuya sangre redentora me ha librado de la condenación eterna. Por favor ayúdame a serte fiel cada día de mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.