Abril 2017
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¿Eres tú conforme al corazón de Dios? Enviar esta meditación

Hechos 13:21-22
“Luego pidieron rey, y Dios les dio a Saúl hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, por cuarenta años. Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero.”


El apóstol Pablo se estaba dirigiendo a un grupo que era básicamente judío y allí les habló de David, quien era muy bien conocido por el auditorio. David puede ser recordado como un gran guerrero o como un rey conquistador o como un gran salmista, pero Pablo prefirió llamarlo de la manera en que Dios le llamó cuando decidió desechar al rey Saúl por su desobediencia y reemplazarlo con David. Así le dijo a Saúl el profeta Samuel: “Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó.” (1 Samuel 13:14).

¿Qué significa ser “conforme al corazón de Dios”? Para David significaba mantener una relación íntima con Dios en todas las circunstancias y amarle por sobre todas las cosas. Estando en el desierto de Judá, huyendo del rey Saúl y sus ejércitos que lo buscaban para matarlo, David escribió el Salmo 63 donde expresó su amor por Dios y el profundo deseo de su alma de vivir en íntima comunión con el Señor. Dice el versículo 1: "Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela...” Y en el Salmo 42:1 David declara: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía.” Esto significa mucho más que una rutina de oraciones memorizadas. Este clamor del espíritu de David estaba fundado en un anhelo muy profundo de caminar lo más cerca posible del Señor.

Cuando Dios ordenó al profeta Samuel que fuera a casa de Isaí de Belén, pues había decidido elegir como el próximo rey de Israel a uno de sus ocho hijos (1 Samuel 16), le advirtió lo siguiente: “No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.” Y aquel día Samuel ungió al menor de todos ellos, el joven pastor de ovejas David, quien tiempo después fue coronado rey de Israel donde reinó por cuarenta años. Muchos años más tarde Dios reprendió al rey Jeroboam quien había sido desobediente construyendo altares y ofreciendo sacrificios a dioses falsos, diciéndole: “Tú no has sido como David mi siervo, que guardó mis mandamientos y anduvo en pos de mí con todo su corazón.” (1 Reyes 14:8).

El anhelo intenso de David era vivir de manera que Dios se agradara de él. Su vida, descrita a través de los Salmos que escribió, reflejan un corazón dispuesto a la adoración (Salmo 29), una fe absoluta en su pastor, el cual le proveía de todo (Salmo 23), y en quien confiaba plenamente aún mientras dormía (Salmo 4). Ciertamente David era un hombre "conforme al corazón de Dios". Buscaba al Señor cada día muy temprano para adorarle de todo corazón, confiaba plenamente en él en todas las circunstancias, le alababa constantemente, le adoraba y le obedecía en todo. Por eso el Señor dice en el pasaje de hoy, refiriéndose a David, “quien hará todo lo que yo quiero.”

Sin duda David no era perfecto, como no lo es ningún ser humano. Él cayó en pecado de adulterio al acostarse con Betsabé (2 Samuel capítulo 11) y más tarde fue culpable de homicidio al planear la muerte del marido de ésta, pero después reconoció su pecado y con corazón contrito y sinceramente arrepentido se postró ante Dios clamando por su perdón. Entonces escribió el Salmo 51, en el cual mostró su quebrantamiento. Y Dios lo perdonó y lo restauró. Ser capaz de arrepentirse de esta manera también complace al corazón de Dios.

¿Qué haría falta para que te describieran a ti como un hombre o una mujer “conforme al corazón de Dios”? ¿Qué debes añadir o eliminar de tu vida diaria? Pídele a Dios que te ayude a hacer los cambios necesarios, de manera que puedas conformarte a los deseos de su corazón. Busca su rostro en oración cada día de tu vida, lee su palabra, medita en ella y el Espíritu Santo poco a poco irá llevando a cabo en ti esa transformación.

ORACION:
Padre santo, yo anhelo vivir de manera que mi testimonio sea siempre conforme a los deseos de tu corazón. Por favor, elimina de mí todo aquello que afecta mi relación contigo y lléname de tu Espíritu. En el nombre de Jesús, Amén.