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¿Crees que tu aflicción será para tu bien? Enviar esta meditación

Romanos 8:28
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”


Una pequeña historia cuenta que el único superviviente de un naufragio logró asirse a una tabla que flotaba y fue llevado por las olas hasta una pequeña isla desierta. Allí él oraba fervientemente a Dios que lo rescatara y todos los días se paraba en una pequeña elevación a escudriñar el horizonte, pero lo único que veía era el inmenso océano que lo rodeaba. Pasó el tiempo y aquel hombre finalmente se las arregló para construir una pequeña choza con algunas ramas y otros materiales que fue consiguiendo. Al menos ahora tenía alguna protección contra los elementos naturales y pudo proteger sus escasas posesiones.

Un día, al regresar de buscar algo que comer, se encontró su pequeña choza ardiendo en llamas y una humareda que llegaba al cielo. Si bien su situación era muy mala, ahora era mucho peor. ¡Todo lo había perdido! Su corazón se llenó de ira y dolor. “Dios, ¿cómo has podido hacerme esto?” – gritó desesperadamente -- "¡En vez de ayudarme, me has hundido más!" Así pasó la noche entre lamentos, frustraciones y quejas. Finalmente pudo conciliar el sueño. Entonces lo despertó la sirena de un barco que se dirigía a la isla. Salió corriendo hacia la orilla del mar dando saltos de alegría y haciendo señas con ambos brazos. Cuando varios de los tripulantes del barco llegaron en un bote donde él estaba, les preguntó: “¿Cómo supieron que yo estaba aquí?” “Porque vimos tus señales de humo”, le contestaron.

Muchas veces los cristianos nos preguntamos: “¿Por qué Dios permite esta situación en mi vida?” Sin embargo, cuando después de un tiempo las circunstancias cambian de manera favorable a nosotros, nos damos cuenta que Dios tenía un propósito y un plan en esa situación. La Biblia afirma que la voluntad de Dios es “agradable y perfecta” (Romanos 12:2). Y Jeremías 29:11 dice: “Porque yo sé los planes que tengo para vosotros, declara el Señor, planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza.” Todo esto es cierto aunque estemos atravesando una situación difícil.

Pocos hombres en la Biblia sufrieron tanto y tan injustamente como José (Génesis capítulos 37 al 50). Siendo muy joven, por envidia fue vendido como esclavo por sus hermanos; fue a parar a Egipto a la casa de un oficial de Faraón donde fue falsamente acusado por la mujer de éste, por lo que lo echaron en la cárcel donde pasó dos años. Allí José conoció al copero del rey al cual le interpretó un sueño. Habiendo sido liberado el copero se encontró con que Faraón había tenido un sueño que nadie podía interpretar. Y le habló de José. Farón mandó a buscar a José y este interpretó su sueño de tal manera que Faraón lo nombró el segundo al mando en Egipto. Mientras atravesaba la adversidad quizás José pensó que nada bueno podía salir de su situación, pero con el tiempo él entendió que Dios no lo había abandonado sino que tenía un propósito con su sufrimiento. Por medio de su autoridad José pudo proveer de comida a su padre y sus hermanos y sus respectivas familias, los cuales estaban pasando mucha hambre. Después se dirigió a sus hermanos y les dijo: “Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo tornó en bien para que sucediera como vemos hoy, y se preservara la vida de mucha gente.” (Génesis 50:20).

Muchas veces las cosas se ponen malas de verdad en nuestras vidas, nos frustramos y en ocasiones nos desesperamos y hasta nos quejamos con Dios. Pero no debemos olvidar que, aún en esas circunstancias, el Señor está en control y que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan para bien”, como dice el pasaje de hoy.

Ahora bien, ¿puedes tú decir con toda seguridad que amas a Dios? Jesús definió de manera muy clara quienes son los que aman a Dios cuando dijo: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.” (Juan 14:21). Medita en esta enseñanza y hazte el firme propósito de mostrar tu amor por Dios siendo obediente a su Palabra y actuando de manera que agrades a tu Padre celestial.

ORACION:
Bendito Señor, te ruego me ayudes a actuar de tal manera que te muestre siempre mi amor por medio de mi obediencia a tu voluntad y pueda yo esperar confiadamente en tu promesa de que todo lo que pase en mi vida ayudará para mi bien. En el nombre de Jesús, Amén.