Marzo 2019
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¿Crees que puedes ser discípulo de Cristo? Enviar esta meditación

Lucas 14:25-33
“Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo. Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.”


Cuando Jesús hizo esta declaración iba camino a Jerusalén donde le esperaba la muerte en la cruz del Calvario. Grandes multitudes le seguían porque pensaban que él iba a establecer un imperio. Por esta razón les habló así, y en la forma más clara posible les dijo que aquel que decidiera seguirlo no obtendría poderes ni gloria terrenales sino que, por el contrario, debía estar dispuesto a renunciar a las cosas más preciadas de la vida y a soportar todo tipo de sufrimiento. A esto se refirió cuando dijo que debemos “aborrecer” a nuestros seres queridos. Obviamente no se refiere Jesús a odiarlos, sino a poner en un plano secundario todo lo que sea de valor para nosotros y estar dispuestos a llevar nuestra cruz. Jesús finaliza diciéndoles: “Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.” De este pasaje aprendemos dos verdades fundamentales:

1. Es posible seguir a Jesús y sin embargo no ser su discípulo; conocer sus enseñanzas mas no llevarlas a la práctica. Una vez una señora le estaba hablando a un gran erudito acerca de un joven conocido: "Él me dijo que fue alumno suyo", le comentó. La respuesta del maestro fue reveladora: "Puede que él haya asistido a mis clases, pero no fue uno de mis alumnos." Hay una gran diferencia entre un verdadero estudiante y otro que simplemente asiste a las clases. Uno de los grandes problemas de la iglesia es que en ella hay muchos que han oído hablar de Jesús pero lo siguen a distancia, o sea no tienen una relación íntima con él. Lamentablemente pocos son verdaderos discípulos, es decir pocos están dispuestos al sacrificio con el fin de servirle.

2. Antes de decidir seguir a Cristo, debemos calcular el costo de esta empresa. Jesús habla acerca de la necesidad de calcular los gastos para edificar una torre, probablemente la torre de una viña. Las viñas estaban equipadas con torres en las cuales se ponían guardias contra los ladrones que podían robarse la cosecha. Si el dueño de la viña no hace los cálculos necesarios antes de comenzar la construcción y no puede acabarla, seguramente será objeto de burla por su fracaso. En la ceremonia de boda, el pastor establece lo que es el matrimonio y luego dice: "Por lo tanto, el matrimonio no debe ser contraído por nadie irreflexivamente, sino con plena conciencia de la importancia del paso que van a dar." En primer lugar el hombre y la mujer deben considerar el costo, el compromiso, los sacrificios de la empresa que están a punto de comenzar. Y sobre todo deben conocerse bien ambos para saber qué esperar de esta relación.

Lo mismo sucede en el aspecto espiritual. No podemos hacer un compromiso si no conocemos al Señor. Y es necesario que estemos conscientes de que ser un discípulo de Cristo requiere entrega y sacrificio. La gran diferencia en este caso es que si alguien siente temor o desaliento ante las altas demandas del Señor, debe recordar que no tendrá que cumplirlas solo. Aquel que lo llamó al camino difícil recorrerá con él cada paso del mismo y lo ayudará a levantarse cuando tropiece, y compartirá con él sus cargas. Y, sobre todo, estará esperando al final para recibirlo y darle la recompensa prometida.

ORACION:
Padre santo, te ruego me ayudes a entender el costo de ser un discípulo de tu Hijo Jesucristo y dame la fuerza y el valor para no fallar en este camino. Ayúdame a cargar con mi cruz cada día para que tu nombre sea glorificado en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.