Mayo 2017
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¿Qué hacer cuando sentimos temor? Enviar esta meditación

Proverbios 1:32-33
“Porque el desvío de los ignorantes los matará, y la prosperidad de los necios los echará a perder; mas el que me oyere, habitará confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal.”


Vivimos en un mundo en el que el temor y las preocupaciones son como plagas que afectan la vida de millones de personas. La gente se preocupa y siente temor por las enfermedades, la pobreza, el desempleo, las guerras, la violencia, el hambre, los problemas familiares, y muchas cosas más incluyendo el futuro, pues el ser humano muchas veces siente temor por lo desconocido que le espera adelante. El temor es totalmente destructivo. Afecta la mente, causa depresión, paraliza la voluntad humana, esclaviza a aquel que es su víctima.

La Biblia nos enseña que el temor no viene de Dios. El temor es una fuerza satánica que tiene la capacidad de destruir. Así dice 2 Timoteo 1:7: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” Cuando el poder del Espíritu Santo obra en nuestras vidas, y el amor de Dios se hace manifiesto en nosotros, entonces el carácter de Cristo, su dominio propio y su mansedumbre se revelan en nuestras vidas y el temor desaparece totalmente. Dice 1 Juan 4:18: “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.” El perfecto amor de Dios se manifiesta en nosotros cuando establecemos una íntima comunión con él, buscando su rostro diariamente en oración, meditando en su palabra, y aplicándola en nuestro diario vivir. Entonces todo vestigio de temor es echado fuera. El pasaje de hoy declara que el que oyere a Dios, es decir aquel que presta atención a su Palabra y la obedece, vivirá confiado y tranquilo sin ningún temor.

David mantenía una relación íntima con Dios. Él se levantaba de madrugada a orar y a adorar al Señor, meditaba en su palabra de noche y de día, alababa y exaltaba su nombre por medio de los Salmos que escribía, y le servía y obedecía sus estatutos. Por eso Dios, al escogerlo para reemplazar a Saúl como rey de Israel, declaró lo siguiente: “He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero.” (Hechos 13:21-22). Basado en su propia experiencia, David nos da un breve resumen en el Salmo 91 de la seguridad en que vive el que se mantiene en comunión con Dios: “El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo al Señor: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré. El te librará del lazo del cazador, de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, ni saeta que vuele de día, ni pestilencia que ande en oscuridad, ni mortandad que en medio del día destruya.” (Salmo 91:1-6).

También en el Salmo 23:4 David afirma: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo.” “¿Habrá algo o alguien a quien yo deba temer?”, se preguntaba David. Y a sí mismo se contesta (Salmo 27:1): “El Señor es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” Realmente esta es una ley espiritual, un principio establecido, el cual podemos declarar con toda autoridad: “Porque yo vivo en el Espíritu de mi Dios, él me protege. Por lo tanto yo no temeré absolutamente a nada.”

Mientras busquemos refugio en el Señor, mientras día tras día escudriñemos su Palabra y vengamos a él en oración y seamos obedientes, podremos con toda autoridad rechazar el temor de nuestras vidas y cualesquiera sean las circunstancias, no importa cuan terribles parezcan a nuestros ojos, podremos siempre permanecer tranquilos y declarar victoria en Cristo Jesús.

ORACION:
Padre santo, gracias te doy una vez más por la seguridad de tu protección. Te ruego llenes mi corazón de tu amor para que todo espíritu de temor sea echado fuera de mí, y pueda yo vivir en paz y confiado en cualquier circunstancia. En el nombre de Jesús, Amén.