Septiembre 2018
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¿Crees en el poder de la sangre de Cristo? Enviar esta meditación

Romanos 5:8-11
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.”


Al mundo, en su ignorancia espiritual, puede resultarle incómodo escucharnos hablar acerca de la sangre de Cristo. Pero lo cierto es que sin su sangre no existiría el evangelio de salvación. Hebreos 9:22 dice claramente que “sin derramamiento de sangre no hay perdón.” El plan de Dios para la salvación de la humanidad sólo puede llevarse a cabo si nuestro pecado es transferido a un sustituto perfecto. En el Antiguo Testamento la ley judía incluía un ritual en el que un israelita imponía sus manos sobre la cabeza de un cordero limpio y sin defectos y confesaba sus pecados. Entonces presentaba el animal al sacerdote para ser sacrificado. (Levítico capítulo 4). En el Nuevo Testamento Juan el Bautista, quien fue designado para que diera testimonio del Mesías a los judíos, cuando vio a Jesús que venía hacia él dijo a todos: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” (Juan 1:29). Este cordero inmaculado dio su vida por la humanidad en un sacrificio perfecto, y su sangre derramada es suficiente para limpiar de todo pecado para siempre a aquellos que creen en él y lo aceptan como su salvador personal. Hebreos 9:12 nos dice que Cristo es nuestro sumo sacerdote, quien ha obtenido para nosotros eterna redención, “no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre.”

Toda persona que confiesa sus pecados y acepta el sacrificio de Cristo y lo recibe como su Salvador, es justificada y declarada libre de toda culpa. Dios ha declarado que “la paga del pecado es muerte.” (Romanos 6:23). Pero cuando él nos mira a través del sacrificio de Cristo y ve que nuestra condena ha sido pagada nos declara justos. La sangre de Cristo derramada en la cruz del Calvario nos da vida eterna y nos proporciona la entrada al cielo. La íntima relación que existía entre Dios y el hombre al principio de la Creación fue interrumpida por el pecado en el jardín del Edén, pero la sangre de Cristo la ha restaurado en todo aquel que ha creído en él. El pasaje de hoy dice que "estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira." Ahora, al llegarnos a la presencia de Dios en oración, experimentamos esa unión con nuestro Padre celestial y sabemos que él nos escucha. Así dice Hebreos 4:16: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”

A través de la sangre de Cristo los creyentes son perdonados, justificados y reconciliados con Dios. Estas palabras describen un simple proceso que se lleva a cabo en la vida de todos aquellos que creen en su Hijo, tal y como lo expresa Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Todo aquel que cree en el Hijo de Dios tiene vida eterna. Si tú has creído, tus pecados han sido perdonados y tienes la entrada al cielo cuando partas de este mundo. Romanos 10:9-10 dice: “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” Esta confesión implica el reconocimiento de que somos pecadores, que estamos arrepentidos y que Jesús es el Señor, quien dio su vida para pagar la deuda que teníamos con Dios. Al aceptar ese sacrificio y confesarlo con nuestros labios somos justificados y tenemos salvación y vida eterna.

Si tú has creído lo que dice la Biblia pero no has aceptado a Cristo como tu salvador, simplemente eleva al cielo una oración pidiendo a Jesús que entre en tu vida y reine en ella para siempre.

ORACION:
Padre santo, gracias te doy por el precioso regalo de la salvación a través del sacrificio de Cristo. Gracias porque su sangre ha lavado mis pecados y tú me has justificado. Te ruego me ayudes a vivir una vida que sea un testimonio agradable a ti. En el nombre de Jesús, Amén.