Mayo 2018
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¿Dices tú la verdad siempre? Enviar esta meditación

Proverbios 19:5-9
“El testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla mentiras no escapará. Muchos buscan el favor del generoso, y cada uno es amigo del hombre que da. Todos los hermanos del pobre le aborrecen; ¡Cuánto más sus amigos se alejarán de él! Buscará la palabra, y no la hallará. El que posee entendimiento ama su alma; el que guarda la inteligencia hallará el bien. El testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla mentiras perecerá.”


La mentira es el lenguaje del diablo. Así les dijo Jesús a un grupo de judíos en Juan 8:44: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.” Satanás usó la mentira para hacer que Eva pecara comiendo la fruta prohibida. Cuando la mujer le dijo que Dios les había dicho que no comieran del fruto del árbol que estaba en el medio del huerto, para que no murieran (Génesis 3:3), la serpiente, es decir el diablo, le contestó: “No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.”

Al aceptar como buena la mentira del diablo, Eva primero y después Adán rompieron la linda relación de amor que tenían con su creador, es decir murieron espiritualmente, y finalmente fueron echados del huerto. De aquel fatídico encuentro en el huerto del Edén debemos aprender que la mentira nos separa de Dios. Por el contrario la verdad fortalece nuestra relación con el Señor. Así dice Jesús en Juan 14:6: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” No sólo Jesús dice la verdad, sino que él mismo es la verdad. No existe otra verdad que el Señor y las palabras que él pronunció. Y esa verdad es tan poderosa que puede hacer libre a todo aquel que la hace suya. Así les dijo Jesús a un grupo de judíos que habían creído en él: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Juan 8 31-32).

Un niño de 12 años fue testigo clave en una demanda legal. Uno de los abogados de la parte contraria, en medio de un intenso interrogatorio, le dijo: “Tu papá te indicó lo que tenías que decir, ¿verdad?”

“Sí” --contestó el niño. “Y dime, --prosiguió el abogado-- ¿cuáles fueron sus instrucciones?”

“Bueno, --respondió el muchacho— mi papá me dijo que los abogados iban a tratar de enredarme en mi testimonio; pero que si tenía cuidado y decía siempre la verdad, no tendría problemas.”

Una persona veraz no tiene nada que ocultar, pero el que miente paga un precio muy grande por su falta de honestidad. Por regla general una mentira lleva a la otra para tapar la anterior, y a la larga, el mentiroso queda atrapado en su propia red de engaños. El pasaje de hoy dice: “El testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla mentiras no escapará.”

Vivir en la verdad es imprescindible para nuestro crecimiento espiritual. La mentira impide la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas. En su carta a los efesios, el apóstol Pablo los exhorta a que vivan “siguiendo la verdad en amor, creciendo en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.” (Efesios 4:15). Aquellos que pertenecen a Cristo han de darse a conocer como personas veraces. La mentira puede parecer una salida cómoda, pero en realidad es un callejón sin salida. Por tanto, la opción correcta es decir siempre la verdad, y nada más que la verdad.

Desde luego, nuestra naturaleza carnal y pecaminosa nos dirige hacia la mentira. Se te presentarán muchas ocasiones en las que sentirás la tentación de decir una “mentirita” para salir del paso. Resiste la tentación y di la verdad. Quizás pienses que te va a traer malas consecuencias, pero a la larga siempre obtendrás la recompensa por haber agradado a Dios.

ORACION:
Padre santo, te ruego me ayudes a rechazar la mentira porque no proviene de ti, y a decir siempre la verdad y nada más que la verdad, para honrar tu nombre a través de mi testimonio ante los que me rodean. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.