Abril 2019
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Donde hay fe no existe el temor Enviar esta meditación

Romanos 8:1-2
“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte."


Este pasaje menciona las dos leyes espirituales básicas que operan en el mundo: "la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús" y "la ley del pecado y de la muerte" (en Satanás). Una ley es un precepto establecido que siempre obra de la misma manera. Al principio de la Creación Dios estableció las leyes que habrían de regir en el mundo. Satanás no tiene poder para crear una ley. Él simplemente pervirtió las leyes espirituales que habían sido creadas por Dios. El pecado no era una nueva ley. Era la ley de la justicia pervertida. La muerte es la vida pervertida. El odio es el amor pervertido. El temor es la fe pervertida. Dios dio a Adán la fe para sostener su vida. Cuando él desobedeció, Satanás logró el control y ese poder espiritual de la fe fue convertido en temor y el diablo lo usó para llevar a cabo sus planes. Las primeras palabras de Adán (dirigidas a Dios) después que pecó fueron: “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.” (Génesis 3:10).

Satanás es lo opuesto de Dios en toda situación. La Palabra de Dios es "verdad" (Juan 17:17). Satanás "es mentiroso, y padre de mentira." (Juan 8:44). Así como al extremo opuesto del amor está siempre el odio, al extremo opuesto de la fe encontramos el temor. Dios es amor, Satanás promueve el odio. De igual manera el diablo alimenta el temor en una persona, mientras que Dios, por medio de su amor, nos da la fe que nos sostiene en momentos difíciles. Y al igual que el amor siempre vence al odio, la fe que tú pones en práctica siempre vencerá al temor. Así dice 1 Juan 4:18: "En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor." Cuando nos refugiamos en el Señor y vivimos bajo la cobertura de su amor nuestra fe se fortalece y sentimos paz.

Hay una promesa de Dios en la Biblia para cada oportunidad de fallar que Satanás puede poner en nuestro camino. No hay absolutamente nada en los planes del diablo contra nosotros que la Palabra de Dios no pueda vencer. Así lo resume Romanos 8:31: “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” Esta es una razón poderosa por la cual debemos buscar constantemente una íntima comunión con Dios. Mientras Adán se mantuvo en comunión con Dios vivía por fe y no conocía el temor. Cuando él desobedeció se cortó esa comunión y se puso en movimiento la ley del pecado y de la muerte. Y la fe se convirtió en temor.

La Biblia nos da muchos ejemplos de enfrentar el temor. En una ocasión los discípulos de Jesús se encontraban en el mar de Galilea, en la oscuridad de la noche, azotados por una fuerte tormenta que amenazaba con hundir su barca (Marcos 6:45-51). En medio del miedo que sentían se les acercó Jesús, andando sobre el mar, y les dijo: “¡Confiad, yo soy; no temáis!” Cuando ellos hicieron un alto para escuchar al Señor, Jesús subió a la barca y “se calmó el viento.” Y desapareció el temor. La falta de fe resulta en temor, por el contrario cuando confiamos plenamente en el Señor el temor desaparece.

En su segunda carta a Timoteo, el apóstol Pablo afirma que “Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2 Timoteo 1:7). Y en el Salmo 27:1, David declara: “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” Por todo esto podemos declarar con toda autoridad este principio espiritual: "Porque yo vivo en el Espíritu de mi Dios no temo absolutamente a nada." Créelo y guárdalo en tu corazón.

A medida que nosotros buscamos refugio en el Señor y día tras día venimos a él en oración y meditamos en su Palabra y somos obedientes a sus enseñanzas, nuestra fe se irá fortaleciendo y podremos rechazar el temor de nuestras vidas. Y en cualquier circunstancia, no importa cuan terrible pueda ser, sentiremos "la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento." (Efesios 4:7).

ORACION:
Mi bendito Padre celestial, por favor pon en mi corazón un ferviente deseo de buscar tu presencia y tu comunión cada día de mi vida. Aumenta mi fe y aleja de mí el temor y todo aquello que no proviene de ti. En el nombre de Jesús, Amén.