Junio 2017
DLMMJVS
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
252627282930 

 
¿Estás viviendo la vida a tu manera? Enviar esta meditación

Juan 4:31-34
“Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer? Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.”


A finales de la década de los sesenta se puso de moda en todo el mundo una canción llamada “My Way” (“A mi manera”), cantada principalmente por el famoso actor y cantante norteamericano Frank Sinatra. Esta ha sido una de las canciones más conocidas de todos los tiempos. Cuenta la historia de un hombre que se estaba muriendo. Mientras yacía en su lecho de enfermo infinidad de imágenes de su vida pasaban una tras otra por su mente, recordándole tantos y tantos momentos vividos, unos buenos, otros malos, pero de ninguno se lamentaba pues, según él, los había vivido “a su manera”. En español la letra de la canción comienza más o menos así: “El final se acerca ya. Lo esperaré serenamente; ya ves que yo he sido así, te lo diré sinceramente: Viví la inmensidad sin conocer jamás fronteras, jugué sin descansar y a mi manera.” La canción termina con estas palabras: “No hay por qué hablar, ni que decir, ni recordar, ni que fingir. Puedo seguir hasta el final a mi manera.”

Ese final llegó para Frank Sinatra a los 82 años de edad, después de gozar de fama, riquezas y placeres de todo tipo, cuando sufrió un ataque al corazón. Fue llevado al hospital donde los médicos lograron que se recuperara momentáneamente, pero unos minutos después sufrió otro ataque que terminó con su vida. De acuerdo a la enfermera que estaba a su lado sus últimas palabras fueron: “I’m losing” (“Estoy perdiendo”). Entonces cerró sus ojos para siempre. Bien pudo entonces haber conjugado el verbo en pasado: “Perdí.” Este es el resultado final de todo aquel que vive la vida “a su manera”: derrota y condenación eterna. Esta manera de actuar, tan común en el ser humano, nos ha sido transmitida de generación en generación desde que Adán y Eva decidieron hacer las cosas “a su manera”, en vez de seguir las instrucciones de Dios. Por eso tuvieron que sufrir terribles consecuencias.

El pasaje de hoy nos muestra una actitud totalmente opuesta. Jesús acababa de tener el conocido encuentro con la mujer samaritana junto al pozo de Jacob. Aquella mujer se maravilló al escuchar las palabras del Señor y sus ojos espirituales fueron abiertos, reconociendo que hablaba con el Mesías. Entonces corrió de vuelta a la ciudad, donde dio testimonio a todos de que había encontrado al Cristo. En ese momento llegaron los discípulos, los cuales habían ido a la ciudad a comprar algo de comer. Y, pensando que el Maestro debía tener hambre, le ofrecieron comida. Pero Jesús les dijo: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.” Esta fue la actitud que prevaleció siempre en la vida de Jesús: hacer la voluntad del Padre, vivir cada momento conforme a los planes de Dios, no impulsado por sus propios deseos o necesidades. Ni el hambre ni ninguna otra necesidad física o emocional lo apartaba de la misión que le había sido encomendada. Ciertamente Jesús no vivió su vida a su manera, sino a la manera de Dios. Por eso, después de su muerte y resurrección Dios “le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre.” (Filipenses 2:9).

También el apóstol Pablo, después de su conversión, se hizo el firme propósito de obedecer la voluntad de Dios y servirle aun en medio de amenazas, persecuciones y encarcelamientos. Por eso, al final de su vida pudo declarar con absoluta certeza: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” (2 Timoteo 4:7-8).

¿Qué prefieres tú: vivir la vida “a tu manera” y quizás disfrutar de algunos placeres superficiales y temporales, o vivir en obediencia a la Palabra de Dios y disfrutar de una vida llena de gozo, paz y de muchas bendiciones de lo Alto? Cuando llegue el final, la primera alternativa te lleva a la condenación. La segunda a la vida eterna. Tú escoges.

ORACION:
Padre santo, te ruego me des la fuerza y el valor para rechazar todos aquellos deseos que provienen de la carne y que yo pueda vivir mi vida a la manera que me enseña tu palabra. En el nombre de Jesús, Amén.