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¿Estás corriendo para obtener el premio? Enviar esta meditación

1 Corintios 9:24-25
“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.”


Cada cuatro años los periódicos, la televisión, la radio y otros medios informativos se concentran en un evento deportivo que se ha estado llevando a cabo por espacio de más de cien años desde que por primera vez se celebró en Grecia en 1896. Se trata de las Olimpiadas. Es realmente emocionante ver a tantos atletas de todas partes del mundo competir en los distintos deportes representando a sus respectivos países. Pero muchos de nosotros no tenemos una clara idea de todo lo que han tenido que pasar estos hombres y mujeres con el fin de lograr el propósito de participar en estas competencias. Muchos de ellos comienzan a entrenarse siendo casi niños, dedicando muchas horas diariamente a practicar su correspondiente deporte, tratando de acondicionarse en el aspecto físico y llegar a un estado óptimo en cuanto a resistencia, fuerza, flexibilidad muscular, etc.

Este entrenamiento incluye también un estricto régimen alimenticio. Se requiere seguir un riguroso plan de nutrición lo cual quiere decir que hay ciertas cosas que aunque le gusten al atleta no puede comerlas y quizás otras que no le gustan mucho deben ser incluidas en la dieta. Deben seguir también un estricto horario en cuanto al descanso, deben dormir un mínimo de horas diariamente, por lo tanto no pueden acostarse muy tarde en la noche. Por esta razón deben cohibirse de participar en muchas actividades sociales. En otras palabras, su vida es muy distinta a la del resto de sus amigos de su misma edad. Sin duda se requiere un alto nivel de sacrificio solamente para lograr participar en las Olimpiadas, mucho más para lograr ganar una medalla.

En el pasaje de hoy el apóstol Pablo hace una comparación entre la vida de los atletas y la vida de los creyentes en Cristo. Los corintios estaban muy familiarizados con los eventos deportivos, así es que Pablo usa esta ilustración tratando de que ellos entendieran la necesidad de tomar en serio la nueva vida que habían comenzado a vivir. Aquí Pablo los exhorta a desear el triunfo espiritual de todo corazón, de la misma manera que el atleta que quiere obtener el premio. “Corred de tal manera que lo obtengáis”, dice el v.24. Y seguidamente les advierte que habrá muchas cosas de las cuales tendrán que abstenerse y excluir de sus vidas, pues pueden ser obstáculos en su deseo de triunfar. Al igual que para el atleta hay cosas que son perjudiciales en el aspecto físico, para el creyente hay cosas que son dañinas al espíritu y afectan la comunión con el Señor. Por lo tanto hay que eliminarlas.

Finalmente Pablo habla de una diferencia, una gran diferencia: “…ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.” La corona por la cual se sacrificaban aquellos atletas era una corona corruptible, pasajera, una corona de laureles que en pocos días se convertiría en una guirnalda marchita. La corona que espera a aquellos que han decidido seguir a Cristo cada día de su vida es una corona incorruptible, perfecta, eterna, que nos será entregada al final de la carrera.

Estando preso en una cárcel romana, esperando ser ejecutado en cualquier momento, Pablo escribió a su hijo espiritual Timoteo. En su carta le dijo lo siguiente: “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” (2 Timoteo 4:6-8). Confiemos en que cada uno de nosotros, al llegar al final de nuestras carreras podamos declarar con gozo en nuestros corazones la victoria de la manera en que lo hizo el apóstol Pablo. Para ello tenemos que ser verdaderos atletas espirituales con el firme propósito de obtener el premio eterno e incorruptible.

ORACION:
Padre santo, ayúdame a correr mi carrera con una actitud de sacrificio y entrega total, desechando todo aquello que pueda ser un obstáculo en mi crecimiento espiritual y absteniéndome de todo lo que afecte mi relación contigo. En el nombre de Jesús, Amén.