Agosto 2019
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¿Te controlan tus pensamientos? Enviar esta meditación

Colosenses 3:1-2
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.”


Después de un largo día te acuestas en la cama, cierras tus ojos y empiezan a llegar pensamientos a tu mente. En cuestión de minutos comienzas a sentirte mal recordando algunas oportunidades perdidas, errores del pasado y situaciones que pudieron haberse convertido en triunfos y nunca lo fueron. En ocasiones la mente se concentra en el hecho de que no has tenido tanto éxito en la vida como algunos de tus vecinos o amigos. “Si tan sólo…”, piensas. A simple vista no parece haber ningún peligro en esta secuencia de pensamientos, sin embargo si dejas que esos pensamientos negativos te controlen empezarás a experimentar sentimientos negativos como confusión, temor y culpa. Más tarde esos sentimientos negativos se desarrollan creando raíces que van profundizando y producen ansiedad y tensión, y no puedes conciliar el sueño. Todos estos pensamientos y sentimientos negativos actúan de manera totalmente opuesta a la paz y el gozo que provienen de Dios. Y por regla general el final de este proceso es la creación de un área de nuestra mente que está controlada por el enemigo y produce problemas espirituales y emocionales en nuestras vidas.

En su segunda carta a los corintios el apóstol Pablo escribe acerca de este asunto. Allí les dice: “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.” (2 Corintios 10:3-5). Cuando tenemos conocimiento de la palabra de Dios y permitimos que el Espíritu Santo la use como su espada podremos destruir esas fortalezas espirituales, esas áreas en nuestras mentes que el enemigo puede usar para manipularnos y desviarnos del camino que Dios ha señalado para nosotros. No debes permitir que esos pensamientos negativos que claramente están en desacuerdo con los planes de Dios para tu vida permanezcan en tu mente, sino debes traerlos a la presencia y la luz de Jesucristo y sujetarlos a la autoridad de su palabra.

Es necesario someter tus preocupaciones al Señor tan pronto éstas aparezcan en tu mente. Tienes, pues, que sobreponerte a esa tendencia natural de autosuficiencia e ir en contra de tus propios conceptos. Jesús nos invita a venir a él con todas nuestras cargas y preocupaciones y nos promete que recibiremos descanso, no sólo físico o emocional sino algo más profundo y reparador, descanso para el alma. En Mateo 11: 28-29, Jesús dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.”

El rey David experimentó muchas pruebas y situaciones difíciles en su vida en las que tuvo la necesidad de buscar la ayuda de Dios, y experimentó también el precioso resultado que se obtiene al acudir al Señor y “echar sobre él las cargas.” Así lo declaró al escribir el Salmo 55. Dice el versículo 22: “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo.” Cuando echamos nuestras cargas sobre el Señor, él nos sustenta, nos apoya, nos libra de la angustia y el sufrimiento. Según el diccionario, “echar” es “soltar algo de manera que pase de un lugar a otro”. Lamentablemente muchas veces nos acercamos a Dios, pero no echamos sobre él todas nuestras cargas. Por falta de fe, nos resistimos a “soltar” todo el control de la situación y preferimos continuar llevando esas cargas sobre nosotros, como si Dios necesitara de nuestra ayuda.

Cuando depositas tu confianza en Dios, podrás dormir en paz aún en medio de problemas y dificultades. De la misma manera que lo expresó David en el Salmo 4:8: “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado.”

ORACION:
Padre santo, te doy gracias por la seguridad que me das de que puedo vivir una vida de paz y sosiego si traigo ante tu trono de gracia mis preocupaciones y mis cargas. En este momento los estoy poniendo todos a tus pies. En el nombre de Jesús, Amén.