Enero 2018
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¿Estás tú negando a Jesús?  Enviar esta meditación

Mateo 26:69-75
“Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo. Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el nazareno. Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre. Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre. Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo. Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente.”


La actitud de Pedro negando a Jesús ha sido a través de los siglos el clásico ejemplo de deslealtad a un amigo. Por temor a que le pasara lo mismo que al Maestro, Pedro negó rotundamente que siquiera conociera a Jesús, y ante la constante presión de los que le rodeaban y la insistencia de ellos de relacionarlo con el Señor por su manera de hablar, “comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre.”

Pero Pedro no fue el único que actuó sin tener en cuenta el amor y la lealtad de Jesús. Otro de los discípulos, Judas Iscariote, hizo algo aun peor: lo traicionó. Y lo hizo premeditadamente. Lo vendió por unas cuantas monedas. Dice Mateo 26:14-16: “Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.” Y aun los demás discípulos, cuando las circunstancias se tornaron difíciles también optaron por dejar a un lado la amistad fiel y sincera del Señor, y lo abandonaron dejándolo solo en las manos de aquellos que llegaron al huerto de Getsemaní con el fin de arrestarlo. Dice la Biblia: “Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.” (Mateo 26:56).

Durante tres años estos hombres convivieron con Jesús y compartieron con él los buenos y los malos momentos. Jesús fue para ellos un amigo fiel; fue maestro, consejero, proveedor en la necesidad y protector en los momentos de peligro. Y al final lo dejaron solo cuando más necesitaba de su amistad y su compañía. “¡Increíble! ¿Cómo fueron capaces de hacer esto?”, nos preguntamos.

Sin embargo, también nosotros muchas veces negamos a Jesús con nuestros actos. Lo negamos cuando decimos una mentira, pues él es “la verdad” (Juan 14:6). Lo negamos cuando no aprovechamos las oportunidades para dar testimonio de él, compartiendo con los demás las buenas nuevas del evangelio, como él instruyera a sus discípulos (Marcos 16:15). Lo negamos cuando no ayudamos a los que están en necesidad. La Biblia dice en Mateo 25:31-46 que cuando Jesús venga en su gloria, reunirá delante de él a todas las naciones y hará de ellos dos grupos. A su derecha estarán aquellos que siguieron fielmente sus instrucciones. A éstos les dirá: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros.” Entonces dirá a los de la izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.”

En resumen, cada vez que tenemos la oportunidad de mostrar compasión y misericordia a alguien que necesita ayuda y no lo hacemos, realmente es como si lo hiciéramos al Señor. Siempre que actuamos ignorando las enseñanzas de Jesús, lo estamos negando a él delante de todos los que nos rodean. Reflexiona en esto por unos minutos, y contesta esta pregunta: ¿Estás negando a Jesús con tus palabras o con tus acciones?

ORACION:
Bendito Padre celestial, te ruego me perdones cuando te ofendo con mi testimonio, y en realidad estoy negando a tu Hijo amado. Ayúdame a actuar conforme a las enseñanzas de tu santa palabra para que en todo seas tú glorificado en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.