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¿Tienes que tomar una decisión importante? Enviar esta meditación

Salmo 25:12
“¿Quién es el hombre que teme al Señor? El le enseñará el camino que ha de escoger.”


Desde muy temprano en nuestras vidas hasta que llegamos a la vejez nos encontramos en un continuo proceso de tomar decisiones. Muchas de las decisiones que tomamos son simples y poco trascendentales, pero hay algunas que son complejas, difíciles y muy serias, y cuyas consecuencias afectarán profundamente nuestras vidas y las de otras personas que tienen alguna relación con nosotros. Ante la necesidad de tomar una decisión importante, siempre se aconseja reunir la mayor cantidad posible de información acerca de la situación, meditar detenidamente en las cosas positivas o negativas que puedan resultar de la decisión, y después de pensarlo muy bien entonces decidir lo que se va a hacer. Pero aún así no hay ninguna garantía de que los resultados van a ser los mejores. Lo cierto es que prácticamente cada decisión que tomamos es un riesgo que corremos, simplemente porque nuestra capacidad mental es muy limitada, y no somos capaces de ver más allá del minuto en que estamos viviendo.

Sería maravilloso que al encontrarnos en una encrucijada en la vida pudiésemos conocer con certeza cuál es el camino que debemos tomar para tener éxito. Sin embargo, el único que tiene este conocimiento es Dios en su infinita omnisciencia. Él todo lo sabe, el pasado, el presente y el futuro. Su conocimiento es perfecto en todos los sentidos. Ciertamente sería fantástico poder contar con él al momento de tomar una decisión, ¿verdad que sí? Pues bien, el pasaje de hoy declara que Dios siempre está dispuesto a enseñarnos el camino a escoger. Pero, ¿quién disfrutará de este privilegio? Dice: “El hombre que teme al Señor.”

No se refiere el salmista a ese sentimiento de miedo que provoca el deseo de huir de alguna persona, animal o cosa. Es más bien un temor santo y reverente hacia Dios y su Palabra. Es reconocer profunda y genuinamente la majestuosidad y soberanía de aquel quien es Rey de reyes y Señor de señores. Es estar consciente del amor tan grande de Dios, manifestado en el sacrificio de su Hijo. Es sentir en el corazón una mezcla de sincero amor, ternura y respeto por nuestro Padre celestial. Es un profundo deseo de agradarle en todo y tratar de no ofenderle en nada. Cuando sentimos este "temor", dice la Biblia, el Señor nos guiará y nos enseñará el camino que debemos seguir y nos mostrará la decisión que debemos tomar. Proverbios 1:7 dice: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová.” Y el Salmo 112:1 declara que “bienaventurado es el hombre que teme al Señor, y en sus mandamientos se deleita en gran manera.”

La Biblia nos muestra muy claramente el secreto del éxito en cada decisión que tenemos que tomar. Mantengamos una actitud reverente y de entrega incondicional a Dios. Escudriñemos su Palabra buscando en ella sabiduría de lo alto. Lleguémonos al Señor en oración pidiendo su dirección y esperemos en él. Unámonos al espíritu del salmista al clamar a Dios: “Muéstrame, oh Señor, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día.” (Salmo 25:4, 5).

¿Te encuentras en medio de una situación difícil? ¿Necesitas que Dios te ayude a tomar esa decisión tan importante? Examina tu corazón y analiza tu actitud hacia el Señor a la luz de la enseñanza de hoy. Ya sabes que él desea lo mejor para ti, y que él quiere enseñarte el camino que te va a llevar a la victoria. Busca su rostro en oración como dice Hebreos 4:16: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” Acércate al Señor confiadamente, con reverencia y con la plena seguridad de que en su gracia encontrarás exactamente la ayuda que necesitas y la sabiduría para tomar la decisión perfecta.

ORACION:
Mi amante Padre celestial, te doy gracias porque puedo acudir a ti confiadamente en cualquier momento en busca de ayuda. Por favor, revélame claramente tu voluntad y muéstrame el camino que debo tomar. En el nombre de Jesús, Amén.