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¿Cuan humilde eres tú?  Enviar esta meditación

Santiago 4:1-6
“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.”


Si tú has aceptado a Jesucristo como tu Salvador tienes vida eterna y, aunque no puedes perder tu salvación, tu actitud y tu comportamiento pueden ser obstáculos para que la gracia de Dios fluya en tu vida y que sus bendiciones se manifiesten plenamente en ti y tus seres queridos. El pasaje de hoy dice que “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.” Pero, ¿puede un hijo de Dios ser soberbio y orgulloso? Por supuesto que sí. De hecho, esta ha sido la causa por la cual muchos siervos de Dios han caído de una posición prominente.

El doctor Don McMinn, uno de los pastores de la iglesia Stonebriar Community en Frisco, Texas, es el autor del libro “Fortalezas Espirituales”, en el cual él define el orgullo como “exceso de auto estima, arrogancia, engreimiento, preocupación por uno mismo.” Fue esta precisamente la actitud que llevó a Adán y a Eva a desobedecer a Dios. Al principio de la Creación ellos disfrutaban de la presencia de Dios en sus vidas y dependían de él para todo. Pero la serpiente, astutamente, afectó sus mentes y hubo en ellos un cambio radical de actitud. (Génesis 3). Mostraron preocupación por sí mismos, llegaron a pensar que serían iguales a Dios, y en su arrogancia y engreimiento pensaron que no necesitaban depender más de su Creador; por lo tanto ellos podían tomar sus propias decisiones. Así que desobedecieron y comieron la fruta prohibida, y esto fue el inicio de su caída. En su libro, McNinn muestra la siguiente lista de las características de una persona orgullosa: “Egoísta, ostentosa, altiva, arrogante, vana, vanidosa, arrogante, inmodesta, exigente, renuente a aceptar críticas o a admitir los defectos propios, materialista, deseosa de estar siempre en control, incapaz de aceptar la dirección de Dios.”

La primera recomendación de McMinn para eliminar el orgullo es desarrollar humildad. La Biblia nos exhorta a ser humildes, es decir a humillarnos, y entonces recibiremos el favor de Dios. Mateo 18:4 dice: “Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.” Santiago 4:10: “Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.” Y 1 Pedro 5:6: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo.” Está claro que podemos ser humildes si hacemos el esfuerzo, y Dios espera que lo hagamos. Él promete sabiduría y honra a aquellos que son humildes. Dice Proverbios 11:2: “Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; mas con los humildes está la sabiduría.” Y Proverbios 29:23 declara: “La soberbia del hombre le abate; pero al humilde de espíritu sustenta la honra.” El orgullo es el único pecado que afirma: “No necesito nada. Yo puedo valerme por mí mismo.” Todos los demás pecados, de una manera u otra manifiestan alguna necesidad. Esta es la razón por la que Dios lo aborrece y lo resiste.

Medita en esta enseñanza. ¿Sientes que estás actuando con orgullo? Si es así, no olvides que estás impidiendo que la gracia y el favor de Dios se manifiesten en ti y tu familia. Y recuerda que Dios anhela que te humilles delante de él para exaltarte. Lo primero que tienes que hacer es rechazar tu autosuficiencia y reconocer que debes depender del Señor para todo, pues "separados de él nada podemos hacer", afirma Jesús en Juan 15:5.

ORACION:
Mi bendito Padre celestial, te ruego me perdones por haber actuado con orgullo. Por favor ayúdame a ser humilde y a depender de ti en todos mis actos para honrar y glorificar tu nombre y así recibir todas las bendiciones que tú tienes para mí y mi familia. En el nombre de Jesús, Amén.